En la Cueva

El sábado fuimos escalar a la cueva.

Yo iba dispuesto a darle a Kraken (12a, dicen), hacía mucho que no iba a la cueva, y esa vez, aún estaba bastante “moco”.

Llegué con Oscar a las 9:30 y sin más demora partimos a la cueva, atrás iban Beto, Zian y su chica.

Cuando llegamos allá no encontramos a nadie ni en el pueblo, ni en el “estacionamiento”. En toda la subida nos encontramos con un lodo MUY resbaloso y por poco nos quedamos atorados ahí, después de unas maniobras subimos sin broncas.

Zian y Beto, iban a la Colmena, Oscar y yo íbamos a la Cueva, así que nos separamos. En el camino encontramos bastantes “bichitos” extraños, donde el Chapulín Colorado quedaba como todo un chapulín de hace 50 años, en blanco y negro. Estos sí eran chapulines colorados de verdad: azules, rojos, amarillos, negros, anaranjados, verdes y sus respectivas combinaciones. Justo cuando estábamos viendo a los bichitos volteamos hacia abajo y vimos que Javier Serratos (o al menos su camioneta) estaba estacionandose.

Nosotros seguimos caminando y por fín llegamos a la cueva. Yo me sorprendí cuando llegamos, no la recordaba tan grande. Oscar pensó exactamente lo mismo, y él había estado ahí el sábado anterior.

Lentamente nos armamos, y cuando Oscar iba a comenzar llegaron Javier, Arcadi y Natalia. Tuve la plática incómoda del grigri de Arcadi y le explique que yo no lo tenía, pues el día que encadené Chachita, se había perdido. Pero que se lo iba a devolver, con todo y su mosquetón camp que tanto le gustaba (además, es lo menos que puedo hacer).

Oscar terminó de ponerle las bandas al Penitente y no le fue tan mal, se veía bien y su mano no le molestó tanto como pensamos que le molestaría.

Llegó David, la nat…digo Stefani, y Chong. La cábula estaba a todo lo que daba.

Me subí al Penitente y salió bien, de hecho bastante bien, la última vez que fui no pasaba de la cuarta cinta, ahora llegué hasta la sexta y cuando iba a proteger la siguiente me dió miedo y me regresé.

Descansé un rato y le puse las cintas a Kraken…o al menos lo intenté porque no pude pasar de la tercer placa y protegiendola me quemé con la cuerda el brazo izquierdo. Ese pegue estuvo de la chingada.

David terminó de ponerle las cintas y casi se la lleva a vista, parece que el crux está después de la última protección, justo llegando a la reunión.

Descansé un rato, Oscar le volvió a dar al Penitente y en el crux le dolió la mano lastimada, así que después de dos pegues más se bajo.

Le volví a dar a Kraken y otra vez fue un pegue de la verch. Sólo que ahora sí llegue a la cuarta y la protegí.

Le dije a David que yo iba a poner el yo-yo en el 10 y ya no me podía rajar. Me sentía muy mal y esperaba que en el 10 se me levantara el ánimo. Pero fue peor.

En los primeros movimientos ya comenzaban a dolerme las manos, después en la segunda y tercera placa, habían puesto cintas muy largas, de casi un metro, así que la cabeza me comenzó a trabajar. En el cambio de pared, al parecer me cansé de más, y saliendo a los buenos, en la pared de la derecha, no encontraba como acomodar los pies, y justo cuando estaba resbalándome, alcancé el lateral con mano derecha y no caí. Después, con la siguiente anilla a la altura de mi oreja derecha, no me sentía seguro para proteger, pues los pies se me resbalaban. Estuvo de la verga. Al final, terminé agarrando la cinta y protegiendo así.

En los siguientes pasos me iba muriendo de miedo, nomás no me bajé, porque ya había encadenado y sabía que podía hacerlo, pero el miedo calaba cada vez más.

Las siguientes tres cintas no tuvieron mucha bronca, son puros agarres buenos, pero de la última cinta a la reunión fue lo peor de TODA la ruta. Era muy fácil, tenía que moverme hacia la derecha como un metro, por putos agarres buenos, y después subir los pies para llegar al bueno y proteger la reunión, pero…LA VEÍA MUY LEJOS, y mis pies no dejeban de temblar.

Hice los movimientos y sentía que a cada paso me iba a pintar, llegué al hoyo bueno a la derecha de la reunión para proteger y no podía pensar bien, mis pies se resbalaban, ni mano estaba a punto de abrirse y no me acomodaba para proteger…”uno, dos, tres…Ya, chinguesu…” protegí lo más rápido que pude y me solté. No encadené, me senté, me agarré de una cinta, y además me iba cagando de miedo, creo que no he tenido pegues tan malos como ese.

Y todavía faltaba desarmar Kraken…

Desarmé Kraken de yo-yo, saqué todos los pasos, pero la verdad es que estaba muy cansado y en cada cinta me iba sentando, también fue muy malo el pegue, pero lo bueno vino en el último paso, el crux.  Ahí de plano en cuanto ví cerca la cinta, de plano me solté. Ya no podía más.

Así el día, de regreso en la camioneta, Oscar y yo veníamos contando nuestras aventuras y riéndonos como siempre. Incluso él descubrió porque es como es ahora…je, no es su culpa, sólo fue víctima de las circunstancias, je (sí como no). Así que dentro de la tontera, descubrimos muchas cosas…

Al final no fue tan malo, a pesar de que no pudimos escalar tan bien como quisieramos, pero bueno, después de un mes entero de no entrenar y salir muy pocas veces, no podía esperar más. Ahora, hay que darle duro otra vez.

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