DDGG

Ayer salí con David y como lo disfruté.

Empezando por que Ana me habló tarde que David estaba ahí y que iban a salir, yo raudo y veloz me dispuse a convencer a mis papás para prestarme la nave y negociar todo el permiso.

Al principio todo fue tan predecible como se puede esperar de una reunión con Ana, pero como iba preparado para eso (y David también) ya en Coyoacán decidimos separarnos del grupo. Terminamos Hilde, David y Yo.

Como Hilde está “bien colocada” literalmente nos sacó a pasear a la1 de la madrugada y de verdad que se lo agradecimos. Después de un rato Ana y los demás se sintieron ofendidos y decidieron buscarnos para llevarnos a casa de Ana…ja, fracasaron rotundamente pues no cabian en el auto de Juan Carlos y adivinen quién más llevaba auto.

Después de una negociación agresiva con Ana, decidieron quedarse… a las malas, pero no tenían muchas opciones y por primera vez apliqué la de “me vale madres”. Tenía años de la última vez que Gascón y Yo hacíamos algo y aquella no estaba en nuestras prioridades de la noche, por lo tanto su mal genio y escándalo no nos inmutaron mucho.

¡¡¡Dioses!!! No sé en que momento comenzamos a adorar el reggaeton, pero de verdad que nos hizo la noche. Como a las 3:30 nos dimos cuenta de lo pequeño que es el mundo… teníamos que encontrarnos justo con las personas que menos imaginabamos, pero bueno, esas cosas siempre nos pasaban a nosotros cuando estábamos juntos, aún así nos tomaron por sorpresa. Al parecer Ana había hecho unas llamadas después de encontrarnos y comenzó a llegar gente, hasta Mariana estuvo ahí.

Después de un rato de mucho movimiento fuimos a casa de David, aquella casa inmensa con paredes repletas de artefactos curiosos que si pudieran contar todo lo que vieron en nuestros años de preparatorianos se podrían cagar de risa días enteros.

Cosa rara la alberca estaba limpia, llena y tibia. Ese fue el pretexto perfecto para alargar la fiesta hasta altas horas de la mañana.

Ni siquiera tomé mucho, de hecho sólo tomé dos tarros, no me emborrache nada (por el asunto del carro) y me divertí de lo lindo, de hecho mucho más que eso.

Los detalles me los guardo yo, tal vez algún día los escriba… mi peor día de escalada valió la pena después de anoche, y más por que seguramente tardaré algunos años en volver a ver a David. Pero como ha sido los últimas visitas, vale la pena esperar, de verdad lo vale.

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