Y así terminamos…

Y éste es el discurso pronunciado ante la compañía de la generación 2009 – 2012 de la Carrera de Antropología Física en la Escuela Nacional de Antropología, por si servilleta (o sea Yo) el día 4 de diciembre de 2012 en el Auditorio Román Piña Chan:

Hace no tanto tiempo me enseñaron que cuando uno tiene la oportunidad, el placer y el honor, tiene entonces el privilegio, y por supuesto, hablar aquí, con todos y ante todos, es y será siempre un privilegio.

Hace dos años, en este mismo recinto, una amiga cumplía con este mismo ritual, ya entonces me imaginaba cómo sería cuando estuviera en ésta situación, imaginaba lo que podría decir y lo que no, imaginaba a la gente estaría presente y todo lo que tuvimos que pasar para llegar aquí. Así que como pueden ver, llevaba casi 2 años pensando y preparando un discurso del que no estaba seguro que presentaría. Por supuesto, y como sucede muchas veces, y afortunadamente, olvidé la mayoría de las cosas que podría decir y pude comenzar un discurso nuevo, fresco y ad hoc a este preciso momento.

Creo que siempre, comenzar una etapa como ésta (la de la universidad) genera expectativas, no sólo en uno mismo sino en los que nos acompañan, particularmente en ésta escuela, las expectativas (como muchas otras cosas) son MUY Singulares, como la misma escuela. Comienzan cuando nos asomamos a lo que nos depara “o no” el futuro, cuando en la prepa hay que decidir que sigue, y a veces ahí comienza una cierta angustia “personal” (noten que digo personal).

Algunos siempre han tenido muy claro que quieren ser y hacer, algunos quieren ser médicos, arquitectos, ingenieros, políticos, superhéroes y otras cosas, algunos otros no tenemos tanta suerte (y sí), porque, quién en su sano juicio decide ser Antropólogo, y entonces algunos caemos, por accidente o por alguna “mística” razón en “esto” de la antropología.

Después viene algo así como una especie de empatía (por eso decía que “personal”) angustiosa, el momento “especial” en que les contamos a nuestros papás, amigos, novios, novias y conocidos que queremos estudiar Antropología (si ni siquiera nosotros , en ese momento, entendemos del todo que significa eso), luego, no conformes con eso, vamos más allá y decimos Antropología Física.

Alguien debería hacer una etnografía de las reacciones que tiene la gente cuando decimos “Voy a ser Antropólogo Físico”.

 Les digo que viene una empatía angustiosa porque seguramente, y siendo conocedores del panorama, pensamos nosotros y los que nos acompañan ¿y luego?

Yo recuerdo a una maestra que tuve en la prepa, muy optimista ella, decía que en la universidad podríamos encontrar a los amigos que te acompañarían toda la vida, a aquellos que podrían ser “el amor de tu vida”, que aquí (y me refiero a la etapa de la universidad), puedes hacer cosas que probablemente no podrás hacer después, que es el tiempo ideal para hacer cosas que después pagarás más caro, cosas que antes ni siquiera imaginábamos, que era el momento de ser invencible (pero no tanto), que es el momento de aprovechar el tiempo lo más que podamos, que de aquí saldrían historias para contar a nuestros nietos (así decía ella), y que ahora si, era determinante para lo que quisiéramos hacer después.

Nunca supe si eso era cierto, lo que si sé (y ustedes también), es que ustedes y yo hemos aprovechamos cada segundo aquí, porque también aprendimos que en esta escuela no sólo se aprende en el salón de clases o en los libros, o en los apuntes; que a veces vemos cosas que no todos pueden ver, que a veces las clases se toman en cualquier calle, en cualquier pueblo, en cualquier panteón, en cualquier fiesta, con la familia, en un partido de futbol, en una manifestación, en una misa (la que fuera que ésta sea), en un restaurante, en las copias, y todos lados, que todo depende de lo que estemos buscando. Que además, aquí podemos hacer cualquier cosa, aprendemos (a la mala) que si queremos saber, depende de nosotros y de nuestro interés.

Que además, en todo el proceso de aprendizaje, no somos Sólo NOSOTROS, porque aprendimos que “nosotros somos, en tanto que no somos el otro”, y que hay gente que nos acompaña, amigos, hermanos, papás.

Mención honorífica debe ser para ellos, que primero nos han permitido estar aquí, que nos brindaron las herramientas necesarias para estar aquí, (incluso en nuestra “rebeldía” podríamos decir que no nos dieron nada, pero al final estamos aquí), no dudo que más de uno de ellos haya querido que fuéramos médicos, o arquitectos o ingenieros, o abogados…al final hicimos lo que quisimos hacer, para nuestro bien (o eso nos gusta pensar), pero para la mayoría de nosotros, son los papás los que estuvieron a pie de cañón aceptando y respetando (y a veces tolerando) lo que decidimos hacer, por el gusto de hacerlo, o por la necesidad, a veces, ellos, por el simple gusto de vernos hacer lo que queríamos hacer, esperando que fuera lo mejor y podríamos sacarle provecho…así, se vuelve entonces nuestra responsabilidad, para con nosotros y con ellos.

Yo recuerdo que cuando decidí entrar aquí, mi mamá (aquí presente) me dijo (y cito) “sino te dejo hacer lo que quieres hacer, entonces todo mi trabajo no va a servir de nada”, y como en muchos casos, mi papá aceptó como los grandes, que eso iba a pasar, aguantaron, respetaron, lo permitieron, y lo toleraron. Ahora heme aquí, agradeciéndoles a ellos y a todos los papás y los papás de los papás, en nombre de mis compañeros, GRACIAS por brindarnos la oportunidad de llegar aquí, de estudiar, de tener una carrera universitaria, más allá de eso, por permitirnos ser Antropólogos, porque eso si, no todos.

Tengo la sensación de que nosotros no estuvimos aquí para “SER algo” o “hacer algo”, estuvimos (y estamos) aquí para “ser nosotros”, porque vemos y hacemos cosas que a algunos les cuesta un poco más de trabajo comprender, incluso a nosotros nos cuesta trabajo ver lo que hacemos, y de explicarlo ni que decir.

¿Se acuerdan cómo llegaron aquí? ¿Lo que querían hacer? ¿recuerdan ese momento (que creo que a la mayoría le pasó) donde estábamos decepcionados de “la antropología”? ¿recuerdan cómo cada uno salió de eso (y sino han salido, vayan apurándose, y sino les pasó…bueno, ni que decir)? ¿Cómo conocieron a sus amigos? ¿el primer momento de “recreación” con ellos? ¿La banqueta? ¿Las fiestas? ¿aquellas veces donde hubo que salir corriendo de las fiestas? Se que a más de uno nos pasó. ¿las prácticas de campo? ¿las ansias de las prácticas de campo? ¿el tan No recomendable “Mal de Campo”? Las desveladas por perder el tiempo en Facebook, Las peleas, los disgustos, seguro que todos y cada uno de esos momentos ha valido la pena, para estar aquí, seguro muchos de esos ahora sólo provocan risas y sonrisas, tal vez algunos no se hablan por eventos desafortunados, pero seguro, vale la pena el disgusto y el reencuentro. Gracias a ustedes/nosotros también, por hacer de estos 4 años, algo tan divertido.

Un agradecimiento especial merecen también los maestros, los de nuestras clases preferidas y los de las que no tanto, al final de todas aprendimos, por lo menos yo, que también aprendí como no me gustaban las clases, y eso siempre “se aprecia y se agradece” (o puedo decir que “eso vale mucho”).

 De los que nos han seguido y presionado, de los que no tanto, y del tiempo que siempre han brindando cuando hemos requerido. De los maestros que algunas veces se han vuelto confidentes (y lo digo por los que se daban cuenta de las copiaderas en los exámenes, trabajos y demás, y decidieron guardar el secreto), de los que se han vuelto referentes inmediatos de lo que queremos hacer, de las cosas que queremos ver, de los lugares que queremos conocer y del tiempo que nos tocó vivir con ellos. Gracias a ellos que se son también incentivos de lo que queremos hacer, y de lo que no también.

Ahora tenemos más responsabilidades, si decidimos aceptarlas. Tengo en la cabeza eso de “todo gran poder viene con una gran responsabilidad” y ojalá hubiera sido Dostoyevsky el que lo dijo, pero no, fue el Tío Ben (para fortuna de los que no leen a Dostoyevsky), que ahora sabemos (por lo menos deberíamos) mucho más sobre cómo funcionan este tipo de rituales y porque a veces se vuelve importante estar aquí acompañado de los presentes. Que al final lo importante NO es si nos gusta o no, si es bueno o no, que lo importante era comprender PORQUÉ y CÓMO, porque incluso en la clase de estadística eso nos enseñaron (si, ya sé que fue en primer semestre, pero hagan tantita memoria), que hasta en términos evolutivos, hay cosas que sólo suceden azarosa y gradualmente, que a veces las cuestiones de género determinan el lugar que ocupamos en el grupo, que el clima influye en cómo nos comportamos, que los primero “antropólogos” también tenían sus “trapitos”, que la antropología en México tuvo también sus MUY Grandes Antropólogos, que el lenguaje cambia también según con quién estemos hablando (o donde), que lo que comemos también determina quienes somos en nuestro entorno social…que es nuestra responsabilidad, ahora que sabemos eso, permitir dirigirla hacia donde creamos que es correcto… si tal cosa existe.

Gracias

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La Antropología Física

Fue tal vez un poco tarde cuando descubrí la Antropología, o por lo menos en el sentido académico. Fue tarde porque después de estar en Ciencias, se hubiera esperado que me dedicara a las ciencias, a trabajar y otras tantas cosas que para bien o para mal no he hecho o por lo menos no hago.

Cuando la descubrí, académicamente hablando, me dí cuenta que llevaba años haciéndolo, tal vez sin saberlo y sin una estructura propiamente dicha, es decir, con un “sentido antropológico“…aunque después esto de mi “sentido antropológico” fue invalidado por mí mismo, sin saberlo…hasta hoy en la madrugada.

Desde muy pequeño (y estoy agradecido por eso) mi mamá se encargo de que yo leyera mucho, de que comprendiera mucho y que además hiciera mucho. Entre todo este “hacer”, una de las actividades estaba el realizar algún deporte, así que desde los cuatro años practicaba Taekwondo (y lo hice hasta los 18 años), por supuesto cumplía también otros fines médicos no sólo el que yo realizara algún deporte. Así fue hasta la secundaria, en donde muchas de esas cosas las fui olvidando perdiendo por comenzar a rebelarme (que es otra de la cosas que comúnmente hago) y entonces comencé una época de flojera de alto rendimiento.

Otra de las actividades que realizaba era estudiar música y aprendí a tocar el violín, el piano y a finales mi época de músico, la viola. Al principio, y por varios años (comencé a los 8 ) era sólo una actividad extracurricular, aunque no era sólo diversión, estudiaba música como si fuera la primaria o la secundaria. No era sólo una clase de música tipo primaria o secundaria, eran varias clases con fines y objetivos distintos y uno común, que era una educación integral y desarrollo de las capacidades auditivas (con todo lo que eso implica), motrices y motoras y que por supuesto, me han ayudado infinitamente en la vida. Por supuesto, tampoco era yo muy bueno, aunque tengo que reconocer que la competencia con mis amigos siempre me ha sacado de dificultades y esta no era la excepción.

Por supuesto, esto no tuvo nada que ver con mi decisión de estudiar Antropología Física, la inquietud vino después con observar a mi familia. Mi mamá estudió Antropología Social, un tío es Antropólogo Físico, otro es Economista y ¿Literato? Con un pasado políticamente activo de los tres, siempre fui influenciado (tal vez de ahí mi rebeldía) a ver y observar cómo funcionaba el mundo, desde los detalles más pequeños hasta donde me diera la imaginación, y esta tal vez, fue mal aprovechada.

Entonces, y voy a saltarme una gran parte de las decisiones que me llevaron a vivir la Antropología, un día descubrí la Antropología Física académicamente hablando…y no fue tan difícil atraparme, me dí cuenta que de alguna manera era algo siempre había hecho, que llevaba años viviéndola sin saberla y que al final, era mi forma de vida. Pero claro, apenas iba a comenzar y eso era lo más difícil para mí. No fue fácil para mí entrar a la ENAH, la primera vez fui rechazado debido a mi rendimiento en el examen de admisión y además sorprendido por eso.

La segunda vez, por supuesto lo logré y ahora es lo que hago…por que esto es así, la antropología puede tener muchas definiciones, de muchas escuelas, de muchas personas, y tal vez me esté arriesgando mucho en mi explicación de lo que para mí significa la Antropología porque es tal vez, demasiado romántica (como muchas cosas en mi vida), pero la antropología no es sólo una definición muy respetable de todos los autores y personas que han vivido para ella y los que seguimos haciéndola/viviéndola (aunque colocarme dentro de este gran círculo puede ser pretencioso y tendencioso, pero que espero, por esta vez, me sea concedido un lugar dentro de la Antropología), para todos nosotros, al final es como haces lo que haces, que dices y como lo dices, a quién, qué ves y cómo lo ves, que respondes a las cuestiones exteriores y cómo lo respondes. Al final es una forma Y un estilo de vida.

Entonces, de porque somos/hacemos/somos lo que somos/hacemos/somos, cómo lo somos/hacemos/somos, y estas cuestiones, descubrí hace no mucho tiempo aquella terrible palabra (citando a Gould) que comienza con “e”. La Evolución…pero eso, es tema para otro post y espero para muchos más…porque ahorita ya me voy a la ENAH, que se me hace tarde.

De la Antropología

Esto es algo de lo que nunca escribo, pero es siempre por una falta de estructura en mi escritura y pensamiento (o al revés) por lo que nunca le he dedicado un espacio aquí, el asunto es que sino comienzo ahora ¿cuando? Y no existen muchas maneras de aprender a pensar, a estructurar, a escribir sino pensándolo, estructurándolo, escribiéndolo, leyéndolo y repitiendo la operación…por supuesto hay otras maneras…pero a falta de conocimiento de algunas de ellas, lo voy a hacer…y además, porque es MÍ blog.

Entonces…a darle